Share Button
Office Space: Enredos de oficina

¡Ah, el trabajo! Son tantos los sentimientos encontrados en ese mítico lugar. Pueden ser tanto positivos como negativos, aunque usualmente son mucho más los últimos. Pero nos tragamos el resentimiento porque las cuentas no se pagan solas; de algo hay que vivir. Y el precio para vivir es justamente ese: sacrificar las horas más productivas del día, los cinco días de la semana para obtener la preciada libertad que superficialmente otorga el adquirir uno que otro lujo, la “independencia”, la tranquilidad de pagar las deudas a tiempo y hacer lo que te dé la gana los fines de semana. Luego te retiras a los 65 años (edad que a medida que pasen los años subirá a 80, ya verán) y disfrutarás plácidamente la vida que siempre soñaste con darte, pero añadiéndole los cien achaques tradicionales de la edad y sin las energías que sólo se pueden tener cuando se es joven. George Bernard Shaw no lo pudo haber dicho mejor: “Youth is wasted on the young.”

En Office Space (1999), Peter Gibbons (Ron Livingston) es un programador en la compañía de software Initech, trabajo que detesta por la monotonía del mismo. Su novia lo obliga a asistir a una sesión de hipnoterapia donde admite que simplemente odia su trabajo y que todos los días son el peor día de su vida, por lo que el hipnoterapeuta laboral trata de inducirlo en un estado de completa relajación. Después de un incidente en la terapia, Peter sigue semi-hipnotizado por lo que al día siguiente decide quedarse durmiendo en su casa cumpliendo su sueño de no hacer absolutamente nada, ignorando las llamadas de su jefe y su novia, quien termina por dejarlo.

Y es así como comienza la nueva vida del protagonista, quien por fin se ha liberado de diversas barreras mentales que lo incapacitaban para tomar control sobre su vida y decide ir a trabajar sólo cuando se le antoje. También pierde el temor a sus superiores y comienza a remover las cosas que le incomodan de su área de trabajo (ej. una cerradura que siempre le da estática, carteles con frases inspiracionales y la pared de un cubículo, entre otros).

Irónicamente, estas actitudes impresionan a dos consultores que Initech contrata para recortar gastos a través del downsizing, quienes quedan estupefactos con la actitud despreocupada de Peter y concluyen que su productividad es pobre por la falta de motivación, por lo que le ofrecen un puesto más elevado mientras que a sus dos compañeros, Samir Nagheenanajar (Ajay Naidu) y Michael Bolton (David Herman) quienes laboran como IT, serán despedidos a pesar de tener sus excelentes expedientes, limpios de ausencias e insubordinación.

Esto lleva a que los tres planifiquen vengarse de la compañía infectando el sistema de contabilidad con un virus que envía pequeñas fracciones de centavos de todas las transacciones que se hacen a una cuenta de banco que ellos controlan. ¿Podrán salirse con la suya?

El resultado de tal hazaña no es el asunto de mayor interés en la película pues lo que se trata es de retratar la vida cotidiana a la que hemos sido sometidos inconscientemente por una sociedad capitalista que lo único que busca es seguir generando más y más ganancias para estas grandes corporaciones y sus ricos que siempre han sido ricos, donde con nuestro trabajo les pagamos el yate, el vino reserva de 1945 y las vacaciones en Bora Bora, mientras que tan sólo una pequeña fracción de lo que trabajamos va a nuestras cuentas personales para saldar las deudas que crecen mágicamente en nuestras narices y vivir, al menos, “decentemente”.

Decentemente, queriendo decir, trabajando cada día más para saldar las tarjetas de crédito inundadas con compras innecesarias -pero importantísimas- para conservar ese estatus social simbólico que a quien único beneficiará realmente será a los gusanitos que harán senda fiesta grasienta en la tumba de esos agraciados que pudieron darse muchas jalteras en vida. Pero mejor no hablemos de eso…

Office Space es una película en la que todos se podrán sentir identificados, hayas o no trabajado en una oficina. Los personajes son puros estereotipos de lo que nos encontramos en nuestros trabajos e indudablemente verás retratado a alguno que otro compañero.

Peter Gibbons decidió ponerle fin a su esclavitud de una manera muy peculiar, pero admirable. ¿Y tú? ¿Te atreverías a tomar el control de tu vida o dejarás que lo siga tomando lo ya establecido? Tú escoges. Por mi parte, estoy totalmente del lado de Peter: “Human beings were not meant to sit in little cubicles staring at computer screens all day, filling out useless forms and listening to eight different bosses drone on about mission statements.”

Share Button
El autor

Idalisse Correa  

Devoradora incurable de detalles irrelevantes.